En mi trabajo con organizaciones, frecuentemente noto que los líderes muestran una particular falta de competencias en sus habilidades sociales. Cuando hay problemas con los resultados de los colaboradores por cuestiones de mal desempeño, se necesitan algunas conversaciones, sin duda incómodas, para abordarlos de manera sincera, abierta y frontal.

La competencia que se debe poner en juego es la asertividad y cuando esta competencia la aplicamos al liderazgo, hablamos de un líder asertivo.

El combustible del líder asertivo

La asertividad es una habilidad de comunicación. Consiste en respetar los derechos de los demás sin someterse y hacer respetar los propios sin agredir a los otros. Por lo tanto es una habilidad social y está directamente relacionada con la autoestima.

Las personas con una autoestima sana suelen ser más asertivas. Los líderes asertivos son fieles a sus objetivos, se respetan a ellos mismos y también a otras personas, expresan sus ideas con sinceridad y sin ofender, manifiestan acuerdo o desacuerdo con respeto y actúan en el momento y el lugar que juzgan más adecuados.

Para completar el menú de opciones debemos sumar otras dos reacciones posibles ante una situación o problema. La pasividad o la agresividad. Pero para explicarlas mejor vayamos a dos casos:

El líder pasivo

Federico, es un jóven profesional que recientemente fue incorporado como gerente de planta de un laboratorio nacional. Tiene a cargo a 3 supervisores de procesos productivos y a el responsable de calidad.

Durante los primeros dos meses todo parecía funcionar bastante bien. Fue aprendiendo ciertas rutinas de su rol y al mismo tiempo relevando las necesidades de mejora que lo llevaría a proponer un ambicioso plan de acción. La dirección de la empresa lo apoyó en los cambios, pero cuando quiso ponerlos en práctica, empezaron los problemas.

Hasta ese momento todo iba bien y la relación con sus colaboradores directo era muy buena. Pero cuando empezó a detectar los aspectos a mejorar, Federico descubrió que no le resultaba tan fácil presentarlos a los supervisores. En lugar de eso y apurado por las urgencias, dejó de delegar y comenzó a concentrar las responsabilidades más importantes. Los supervisores pensaron que era una persona demasiado minuciosa y que era mejor no meterse y dejarlo hacer las cosas para que no hubiera problemas.

En las reuniones de gerencia, Federico se quejaba con otros colegas de que sus subordinados no sabían trabajar. Pero cuando su par de Recursos Humanos le preguntó si les daba feedback de desempeño a los supervisores, Federico se quedó sin palabras.

Pasividad

La pasividad o sumisión es la conducta de aceptar y acomodarse a las necesidades e intereses ajenos. El problema es que esta conducta se vuelve irreflexiva, es decir automática. Y eso pone a las personas en situaciones de decir que sí, en lugar de tal vez pensarlo un poco mejor y decir que no. El líder pasivo tiene una conducta evasiva de los problemas.

La pasividad tiene un costo muy grande para la salud y la autoestima, ya que las personas sumisas tienen una imagen de sí mismos que detestan. Pero además esto les trae una sobrecarga de estrés por la acumulación de compromisos en sus espaldas.

Un líder pasivo no da feedbacks que marquen los aspectos a mejorar, no afronta los conflictos y le cuesta demasiado tener esas conversaciones difíciles que todo líder debe tener de vez en cuando con sus colaboradores. Como por ejemplo cuando hay que explicar por qué alguien no es elegido para una promoción. Para los miembros de su equipo, un líder pasivo no es confiable ya que sus decisiones pueden cambiar de manera abrupta (cuando ya no le queda más margen para evadir una situación).

El líder agresivo

En cambio otro de sus colegas, Martín, el gerente de finanzas le comentó que él también tenía el mismo problema. _ Son todos unos vagos, le dijo. Martín era conocido porque tenía «pocas pulgas» y enseguida que detectaba un problema cargaba con los responsables de manera agresiva. En su equipo había personas muy desmotivadas por el clima que se vivía cada vez que alguien cometía un error, o había un problema.

En el equipo de Martín había una rotación de gente mayor al promedio de todos los departamentos. Y Recursos Humanos debía explicarle a Martín, que por más competente que fuera en lo técnico, debía aprender una competencia nueva. Y lo más importante, sin ella no era un profesional completo, por más bueno que fuera en finanzas.

Las reacciones de Federico y de Martín son típicas en los líderes y se conocen como reacción pasiva y agresiva. Ambas son improductivas para resolver el problema y mejorar los resultados. Entenderlas mejor puede ser un buen principio para construir un liderazgo más sano y efectivo. Ambos tienen en común que deben aprender como ser un líder asertivo.

Agresión

Los líderes agresivos, en cambio, suelen ser competitivos y siempre quieren salirse con la suya. No aceptan un no por respuesta y cuando detectan cierta resistencia en un colaborador, estalla la ira.

Las consecuencias se ven en un equipo desmotivado, en el ausentismo, la rotación de personal y en una sensación permanente de estar al borde de una crisis. Las personas no tienen una comunicación abierta y no hay margen para el error, por lo tanto para aprender. El líder agresivo suele pensar que es el único competente y comprometido del equipo y se frustra con frecuencia.

La comunicación del líder agresivo, ya se trate del feedback, o de reuniones, etc. es de carácter predominantemente unidireccional. Y, qué decir de un líder que no escucha, obviamente no es un líder.

Características de un líder asertivo

Un líder asertivo se hace responsable por la comunicación y la calidad de las relaciones. Diseña las conversaciones importantes para alcanzar una mejor efectividad. Para ello se vale de recursos como reuniones de equipo, el feedback, las conversaciones personales, las entrevistas y el coaching.

Pero la diferencia con otros líderes radica en el hacer. Su enfoque para todas las conversaciones incluye el respeto por la opinión diferente, la aceptación de las críticas, la propia autocrítica, la moderación al expresar sus ideas, la explicación de sus estados de ánimo y la empatía con los estados de ánimo ajenos.

Alguien así suele tener una gran capacidad de adaptación (pero sin subordinar por ello su identidad), acepta sus limitaciones (y las desafía para superarlas), hace que las cosas sucedan (no espera), conoce sus limitaciones emocionales (y no permite que ellas lo dominen), sabe pedir y reclamar, sabe reconocer los logros ajenos y es resiliente (es decir que se levanta de sus caídas y comprende que las personas pueden cambiar).

La asertividad se entrena en la vida cotidiana y en todos los dominios de la vida. En lo personal y lo profesional, porque no podemos ser buenos profesionales si no somos buenas personas.

¿Te consideras un líder asertivo? Esta es una competencia en la que todos debemos trabajar de manera permanente.

Si te gustó el artículo dame tu puntuación y compartilo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.